Uno de los lemas no oficiales de The Daily DG es el slogan de Radio Rivadavia de Buenos Aires: “Siempre antes, con la verdad”.
Resulta que en la Gatopardo de febrero, que está en las calles desde hace un par de semanas, hay párrafos premonitorios sobre lo que está pasando en México en relación a la lucha contra los cárteles de la droga y el bombazo de anteayer — al que los diarios de hoy vinculan sin dudar con los narcos.
(* Éste es un acto de lo que los argentinos llamamos “autobombo” y los gringos “shameless self-promotion”, sí, pero no lo hago porque sea mérito mío. El reportaje del que voy a hablar se estaba elaborando cuando yo todavía era un joven, feliz e inocente periodista freelance en Nueva York, el año pasado).
Se trata de El amor en los tiempos de la coca, nuestro reportaje investigativo sobre la Reina del Pacífico, Sandra Ávila Beltrán, y su pareja El Tigre, el colombiano Juan Diego Espinosa. Fue elaborado durante meses por los periodistas que participan del Seminario Knight-Gatopardo de periodismo narrativo y de investigación.
Algunos extractos del reportaje presentan un premonitorio análisis de lo que está pasando:
El gobierno presentó el arresto de Ávila Beltrán como un gran golpe del presidente Felipe Calderón contra el narcotráfico, con el que se desmantelaba el vínculo entre organizaciones colombianas y mexicanas. Desde que asumió el poder, Calderón declaró la guerra contra las drogas y sorpresivamente extraditó a los Estados Unidos a dos de los más grandes capos mexicanos, Osiel Cardenas, líder del Cártel del Golfo, y Héctor “El Güero” Palma, del de Sinaloa. Lo hizo sin aviso previo y cuando Estados Unidos ya había archivado esos expedientes. “Fue una iniciativa de la administración de Calderón. Ellos se acercaron al gobierno estadounidense. Calderón quería sacarlos del sistema y construir puentes de cooperación con Estados Unidos”, dice Andrew Seele, director del Instituto México del Centro Woodrow Wilson.
(…) Con esas pruebas de voluntad política, el presidente comenzó a granjearse el respeto de los vecinos del norte –acostumbrados a desconfiar de las autoridades mexicanas– y recibió elogios efusivos de altos funcionarios judiciales estadounidenses. Al mismo tiempo, México intensificó su cooperación con el gobierno colombiano. Pero la voluntad no es suficiente. Según expertos, el presidente Calderón se lanzó a la guerra contra el narcotráfico sin las herramientas necesarias: no cuenta con leyes efectivas contra el lavado de dinero y para la confiscación de bienes y, mucho menos, con la estructura policiaca, el armamento, el entrenamiento y los servicios de inteligencia que necesita. Las fuerzas de seguridad mexicanas, es sabido, además padecen altos niveles de corrupción.
(…) Hoy, los ojos de Estados Unidos y Colombia están puestos en México. Mientras el país andino ha logrado ganar territorio a los grandes capos por medio de las extradiciones, México parece destinado a enfrentar una crisis de narcoviolencia de la misma intensidad que la que Colombia soportó hace dos décadas.
Los diarios de ayer y hoy no dudaron en comparar a México con la Colombia de hace veinte años, como aquí y aquí. Nuestro reportaje lo hacía desde antes de la bomba. Claro que no es muy “festejable” haber anunciado que algo así podía pasar. [Para leer más, tienen que conseguir Gatopardo de febrero, ya que las notas no están online].